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Feb 02
Thursday
Dharma Teachings
Comprender la estación de döns

por Russell Rodgers

Hay un período antes del año nuevo tibetano a finales del invierno y principios de la primavera, según la tradición budista tibetana, en el que fructifica el karma acumulado y surgen los obstáculos sociales. Este año haremos la Práctica de las mamos entre el jueves 16 y el sábado 25 de febrero para purificar los obstáculos del año viejo y, después, el día de Shambhala, que este año cae en lunes 27 de febrero, podemos empezar en limpio con el año nuevo.

En estos momentos, al mirar el mundo, no parece haber alivio para el sufrimiento ni huída del equipaje kármico que los humanos hemos creado. A nivel personal solemos tener en mente los accidentes, la enfermedad y la mala suerte general. Desde un punto de vista no budista se podría decir que hemos sobrevivido el invierno aunque la dureza y oscuridad del invierno se siguen arrastrando. La promesa nueva de la primavera y el gozo del verano no han surgido aún y, estadísticamente hablando, el porcentaje de suicidios suele ser el más alto en esta época del año. Sákyong Mipham Rimpoché ha solicitado a todos los centros Shambhala que realicen una práctica para pacificar los obstáculos en esta temporada antes del día de Shambhala, y la temporada se llama “estación de döns”.

Los döns son las fuerzas negativas que surgen del entorno, provocando que los seres humanos hagan cosas autodestructivas y sin sentido, como arrebatos repentinos de ira o locura o tomar decisiones erróneas que conducirán a la desgracia. Los döns producen alteraciones repentinas, inesperadas y neuróticas. A nivel personal la mejor protección contra los döns es aumentar la atención propia, por lo tanto esta temporada es especialmente buena para practicar la meditación.

Las “mamos” son otra fuente de obstáculos en esta estación y se representan como deidades llamadas dakinis. Las mamos son en gran medida una variedad mundana de dakini, aspectos no iluminados del principio femenino, aunque las mamos pueden estar iluminadas, como Ekajati. El budismo tibetano considera la intuición o prajna, que poseen tanto los hombres como las mujeres, como un aspecto del principio femenino. Las mamos se enfurecen cuando la gente pierde contacto con su propia inteligencia y, por consiguiente, con la realidad. Las mamos causan problemas a gran escala: discordia y luchas civiles, hambrunas, plagas y calamidades medioambientales. El canto de las mamos indica que “incitan la guerra cósmica”.

Imagen de una mamo

Los tibetanos retratan las mamos como demonias feroces y feas, de color negro, con pechos macilentos y cabello enredado. Aparecen con sacos llenos de enfermedades, causan el caos tirando sus dados mágicos, crean pestilencia y guerras y están asociadas con las consecuencias kármicas de las acciones degradadas, sean personales o sociales. Quizá su respuesta enfurecida sea proporcional al karma acumulado pero también puede ser impredecible y completamente desproporcionado. Igualmente sabemos que ha habido muchos casos en los que una pequeña provocación ha producido grandes guerras.

Muchas mamos fueron domadas o, al menos parcialmente domadas, por Padmasambhava, un gran adepto del siglo VIII a quien los tibetanos llaman “el segundo Buda”. Según la leyenda, cuando se encontró con las mamos que se manifestaban en forma de obstáculos variados, naturales y culturales, al recorrer el Tíbet, las venció y las obligó con un juramento (samaya) a proteger el dharma.

¿Qué significa esto ahora, en Occidente? En el budismo tántrico surgen los obstáculos cuando perdemos la intuición y esos obstáculos variados en forma de döns y mamos, nos recuerdan que debemos aumentar nuestra atención y conciencia.

Si somos capaces de recordar e invocar la visión pura de Padmasambhava respecto a los obstáculos, la actividad iracunda de las mamos queda domeñada como parte de la senda. Es útil saber que mamos y döns son realmente inseparables de nuestra propia mente, y eso hace posible la doma. Poneles nombres y darles personalidad nos permite sintonizar con su energía.

Durante los días precedentes al año nuevo los monjes en los monasterios tibetanos realizan ceremonias todo el día y toda la noche, invocando a los protectores y a las deidades iracundas para que despejen los obstáculos. Al final de este períodos el equipaje kármico del año viejo se concentra simbólicamente en una escultura gigante que los monjes queman, acompañados de petardos, cuernos, címbalos, cantos, danzas de los lamas y tambores. Cuando termina la práctica hay un día “neutro” en el que cada uno limpia su casa para suprimir las trazas no deseadas del año viejo y, después, el primer día de año nuevo, uno visita al gurú y en los días siguientes la gente se visita mutuamente en su casa y hay festines y celebraciones en general: hay una sensación fuerte de comenzar de nuevo.

También hacemos una práctica intensiva, incluída la de las manos, durante la estación de döns que dura diez días en nuestra comunidad. El día neutro, la víspera del día de Shambhala, hacemos la limpieza anual de los centros y también de nuestro hogar. El día de Shambhala en sí, en vez de visitar al lama en nuestro monasterio del pueblo inexistente, el lama viene a nosotros en forma de una retransmisión en directo con el Sákyong Mipham Rimpoché por la mañana. Y las celebraciones se mantienen a lo largo del día.

Padmasambhava subyuga al rey naga Nele Thokar

La práctica de las mamos comienza recitando la Súplica de siete versos a Padmasambhava a quien rogamos que se acerque y conceda sus bendiciones. Lo hacemos para establecer una sensación de presencia de la capacidad de Padmasambhava para atravesar lo que nos puede parecer “mala energía” y, después de esto, recitamos algunos cantos protectores golpeando un tambor. Los protectores simbolizan la opinión que nos devuelve la realidad, el surgir constante de la coincidencia que conforma nuestra vida.

Después, los practicantes vajrayana hacen una práctica de Vajrakilaya, igual que hizo Padmasambhava antes de viajar al Tíbet. Vajrakilaya es de color verde oscuro y stá rodeado de llamas de compasión iracunda: no se trata de la compasión de “sentirse bien” sino de la característica fogosa de destruir las tendencias egoístas inflexiblemente. Se trata de tendencias que pueden resultar familiares y cómodas a corto plazo pero que inevitablemente producen alienación y sufrimiento en el futuro. Los practicantes vajrayana hacen esta práctica para identificarse con la compasión iracunda.

Los estudiantes de shamatha pueden sintonizar con la compasión iracunda viendo los pensamientos como pensamientos de forma directa e inflexible. El aspecto compasivo consiste en reconocer la energía subyacente y su derecho a estar ahí, aunque permitamos que el guión de la historia de disuelva en el espacio.

Pero ¿por qué hacemos semejante práctica? Quizá nos sentimos de vez en cuando “perseguidos” por la desgracia, en nuestra cultura, pero no la atribuimos, excepto bromeando, a agentes como mamos, diablillos o döns. Son conceptos extraños. Vamos a dedicar unos pocos párrafos a lo que nos persigue y a la razón por la que quizás hacemos esta práctica para empezar.

Ekajati, reina de las mamos, dibujada por Chögyam Trungpa Rimpoché

Como siempre con los protectores, döns, mamos y otras deidades, se las puede ver como externas o como aspectos de nuestra propia mente. Si lo contemplan unos minutos, se darán cuenta que tanto el sentido del yo como el sentido del “otro” externo son interpretaciones de la mente. Al leer estas palabras, el papel o el ordenador quizá parezca existir fuera de ustedes pero se trata realmente de imágenes de la mente. Quizá piensen que estas imágenes se forman fielmente por los impulsos eléctricos que viajan por el nervio óptico pero la idea de impulsos eléctricos y nervios es, repito, un pensamiento de la mente. Así que no sólo las etiquetas e interpretaciones de los fenómenos residen en la mente sino que también es el caso con la vivencia real de ver las apariencias. Así que la apariencia y la mente son lo mismo y, obviamente, esto tiene implicaciones por las que nos sentimos “perseguidos” y también significa que, al hacer rituales dirigidos al exterior, hacia las mamos y döns, también trabajamos con nuestra propia mente. Al pacificar una, pacificamos la otra.

En rituales como éstos practicamos la conciencia de las palabras al decirlas, sabiendo que las palabras son sólo palabras. Es parecido a la experiencia de los pensamientos que se desvanecen en el vacío cuando los veos en la meditación y, al mismo tiempo, permitimos que las palabras creen una senda de significado que podemos explorar. Al final descansamos en la dimensión sin palabras de este significado, que es ahora nuestro punto de contacto con la realidad.

Después del canto protector y de la práctica de Vajrakilaya entramos en el centro de la práctica de las mamos con el canto principal de esta práctica, titulado Apaciguar la agitación de las mamos, en el que recordamos que las mamos se vuelven activas cuando la gente, especialmente los practicantes, se olviden de la base de la bondad fundamental, la sacralidad de todos los fenómenos, y actúa de forma deteriorada. Enfurecidas por esto, las mamos expresan su ira legendaria: una ira que surge no del insulto personal ni la violación sino de nuestra propia relación impropia con la vida.

La sesión entera de cantos, que dura una hora más o menos, es una contemplación de la causa y el efecto, de la compasión iracunda y la conciencia, además de ser una contemplación de una especie de mirada sagrada que restablece el equilibrio en el mundo. Al apoyarnos en el mensaje de las mamos, las pacificamos y también nos producen un efecto. Todo el canto termina con el mantra de Vajrasattva de la pureza primordial.

Traducido al español y publicado con permiso del autor. Original en inglés:

http://shambhalatimes.org/2017/02/01/doing-mamo-practice/

 

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